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Por admin in Tiempo Vertical

Hola amigos…

Para comenzar esta serie del reflexiones (espero que sea una serie),  de nuestro recuerdo  reciente,  ese que está  pintado por el entorno que ha acompañado  la vida de los que amamos la música, especialmente el rock; me gustaría hablar de los genios desbordados por sus demonios y de su suerte…  Uf no es un tema suave para este inicio, pero es que esos ingredientes  bien cocinados, son los encargados de encumbrar y dar vida a los mitos y leyendas, en este caso, de la música y además,  me gustaría aventurarme en  un comentario de cómo afecta a una artista  el hecho de concebir una  obra maestra  “antes de tiempo”  y cómo los aleja de una vida más prolongada en esta tierra. Por otra parte se materializa la inmortalidad tan deseada por nosotros los que estamos vivos, porque la muerte prematura de un artista permite conservar un legado joven y fresco en nuestra memoria colectiva.- Ahora que vuelvo a  leer lo que escribí -suena un tanto oscuro- pero bueno.

Hace un año conocí a una figura noventera de quién se recordaban los catorce ciclos de la edición de una obra maestra que marcó su inicio y su lamentable final. Me refiero a Jeff Buckley  y su fantástico disco debut “Grace” (1994). A través de este trabajo tuve acceso a una sensación sonora que mezcla el  blues, rock y jazz producto de un hombre con una historia tan interesante como su obra. Son diez temas que incluyen una versión del “Halleluja” de Leonard Cohen que en la época fue considerada  como “la” interpretación definitiva (Como dato freak,  aparece en la primera película de Shreak en versión de Rufus Wainwright) y ojo, también existe una versión de Bono. Este trabajo fue admirado y alabado  por músicos de la talla de Bob Dylan, Neil Pert y Paul Mc Cartney entre otros, por la calidad e innovación de sus composiciones. Su voz, particular y única , culminaba el sello de su trabajo. Un tipo que es capaz de cantar y alucinar a la audiencia con la amplitud de 4 octavas y media  sin duda contaba con los medios de expresión y carisma, necesarios para desarrollar una búsqueda musical muy intensa. Esa palabra… La intensidad, la sensibilidad y por qué no, la locura, de los “outsiders”, poseedores de una claridad y energía que los mueve irremediablemente hacia la luz que los consume. Es la clave para admirar su legado musical.

Tanto o más que  las obras y  los artistas, me parece interesante conocer sus historias. Los antecedentes que permiten encontrar las pistas  de cómo llegaron al punto más alto de su gloria y el por qué también,  de su caída. Estos son los aspectos que humanizan las figuras; Jeff que en realidad se llamaba Scotty cumple con la condición del héroe musical que se va en el momento de pleno éxito  y a temprana edad (30). No conoció a su padre hasta los diez años, cuando supo que  era un músico que grabó discos de  de Folk y Jazz, lo que determinó su propio futuro  y quizás también,  su abrupto final porque  su progenitor  también moriría a temprana edad (en 1975).

La muerte de Buckley ,  por supuesto está rodeada de la polémica y posee un ingrediente que la convierte en el corolario perfecto para el mito, porque se dice que se hundió – o ¿se suicidó?- en las aguas del río Wolf en Menphis , justo antes de comenzar a grabar su segundo  trabajo (My Sweetheart  the  Drunk) ,” mientras  escuchaba a Led Zeppelin” junto a un amigo. Ese era justo el momento de pánico mayor porque habría que enfrentarse a la realidad para hacer algo “mejor” o “retirarse del concurso”.

 Su obra influenció a otros músicos de gran importancia noventera como  Chris Cornell y Tom Yorke (quien nos visitará este año  junto a su banda Radiohead).

Bueno, en general  no estamos hablando de gente que exprese mucha alegría con su música, pero hay algo en la melancolía, en ese flirteo con la locura, algún extraño sentido del “destino” que arrastra a los genios a cumplirlo rápidamente y  como si estuviesen personificando un destello de vida apenas. Porque la fama y las expectativas que esta impone luego del éxito,  para mejorar lo inmejorable (la obra maestra), detona  la programación de autodestrucción.

Jeff Buckley  odiaba, al parecer, que se diera por terminada una obra; “la preferida por el público”. Esto se confirma si se toman en consideración algunas de sus expresiones:

“Hubo una época en mi vida,  no hace mucho tiempo,  en la que podía llegar a un café y simplemente hacer lo que quería, tocar música, aprender tocando. Explorar lo que ello significa para mí, esto es, divertirme cuando aburro y/o entretengo a una audiencia que no me conoce o que no sabe a qué me dedico. En esta situación me puedo permitir el precioso e irremplazable lujo de equivocarme, de arriesgarme, de rendirme. He trabajado muy duro para conseguir todo esto, este entorno donde trabajar. Lo amaba y ahora que lo he perdido lo echo de menos. Lo único que estoy haciendo es reclamarlo”.

Aquel drama, se “origina” en el hecho de que la critica aclamara su “opera prima” de tal modo que su gozo por la búsqueda y el aprendizaje en libertad se tuvieran que limitar a las exigencias de giras y repeticiones de un trabajo que ahora no lo dejaba avanzar. Es como si la entrega personal más sincera y querida terminara transformándose en una sentencia. Todo esto se suma a una personalidad inquieta y especialmente sensible y lábil.

Quién sabe si la gloria que posibilitan los medios de comunicación actuales produce en estos personajes una suerte de adelantamiento, al considerar sus obras terminadas, de algo que el artista no quiere lograr tan pronto, porque su motivo de existir colapsa.

Quizás la clave de algunos artistas renacentistas como Miguel Ángel o Leonardo para “disfrutar” una larga vida (que, en todo caso era bien sufrida) antes de fundirse con su creación,  fue que por medio del múltiple encantamiento con distintas ideas, haciendo que muchas veces abandonaran obras en el camino, para seguir su búsqueda en otro afán, los alejara de terminar la obra de su existencia y no sucumbir a la melancolía para terminar sus días antes de tiempo.

No son Renacentistas, obviamente son solo héroes modernos. Son personas que se enfrentaron antes de tiempo a la grandeza de su genio.

Les recomiendo escuchar  Grace  completo, especialmente la canción Lylac wine  y ver el DVD del  concierto en Chicago  en donde podrán apreciar el despliegue de esta figura de la música que se extinguió con fuego en pleno vuelo.

por Jaime Scalpello

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