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Por admin in Columnas, Re-flexiones

Columna de Alejandro Emmer

Después de 100 años, el fútbol criollo se alzó con un logro histórico al obtener su clasificación al mundial de manera atípica y en un espacio de ejecución distinto. O sea, de manera superior y en el extranjero. El nuevo San Martín transandino se llama Bielsa, y la paradoja de los caracteres de él y los jugadores se vistió de logro al traspasar el entrenador su mentalidad de empresario chileno a la de piqueteros argentinos de nuestros futbolistas y hacerlos triunfar. Porque el oriundo de Rosario comprendió lo que nadie antes había leído en el mapa psíquico del futbol nacional: que nuestro subconjunto fútbol no tenía nada que ver con el conjunto total, Chile, lo que equivalió a redescubrir la pólvora.

Entonces se abocó a la tarea de comenzar su plan de ejecución punto por punto. Había que reordenar la teoría de subconjuntos y eso significaba mucho, muchísimo trabajo que – era que no- se subdividió en muchos puntos y que abarcan y basan en una amplísima gama de obsesiones útiles y otras quizás no, pero que de ser ignoradas en su conjunto total, no sólo habrían hecho colapsar el éxito que el solito sembró y cosechó, sino también a él mismo. Y es que nuestro nuevo libertador, este tipo distinto, fóbico y obseso, es “especial” y así hay que tratarlo y entenderlo. Total, da lo mismo mientras consiga resultados, digo yo, y es que como antes hemos tenido otros divos criollos, entre jugadores y entrenadores, que ni obedeciendo sus exigencias y poses, ni menos juntando cabezas a la vez hacían uno, ni menos un resultado trascendente como este. Además, comprobó que a pesar de contar pocos cracks – Sánchez y Valdivia – y muchos cumplidores, todo el resto, el camino era la seriedad de los profesionales, la disciplina, constancia y la agresividad sin concesiones. Es decir, la antítesis de lo que ha sido siempre nuestro fútbol y sus componentes: jugadores, técnicos y dirigentes.

En fin. La gente el sábado estaba ansiosa y yo, era que no, molesto con los diarios y su exitismo adelantado que tantas veces lo único que nos ha adelantado es la certeza de una derrota. Más encima, fui a la casa de un amigo que está casado con una dulce colombiana que, al recibirme en el raro clima que ayer inundó este valle central, y que me hizo asociar lluvia con lágrimas, me dijo: “mira, si hasta el clima se está pareciendo ya al de Medellín. Van a perder. La historia manda”. Mmm… Dije yo, que a esas alturas me hacía el sordo con mi voz interior que me decía que nos iba a ir bien y que jamás se equivoca en ningún área. Como siempre, no la escuché y también como siempre, tenía razón. Más adelante descubriría el por qué.

Lo que sucedió después me tiene hoy con una disfonía de la puta madre. Aclaro que ya venía a medio morir, pero entre las puteadas a las repetidas cagadas de Vidal y los gritos de los goles chilensis, morí a toda celebración y comentario burlesco posterior. Estaba entre mudo y cocido, o sea, casi feliz: faltó la sordera y se me olvidaba la bruja y sus órdenes de “no tomes tanto”…”Te dije hace rato que pararas de tomar”…”Hey, córtala”… Y un final: ¡vámonos! Pero antes de irme al sobre, una reflexión final saltó sobre la ya alcoholizada y asombrada concurrencia: habíamos comprobado que Bielsa expuso la gran carencia del fútbol chileno: los entrenadores. Pero también había rescatado lo mejor de nosotros, del resto de los chilenos: el temple para estar arriba con tan poco, tal como nuestro sufrido país. Eso agiganta a Bielsa por sobre todos los entrenadores nacionales, los que deberían ser condenados al más profundo de los olvidos, salvo dos o tres, por habernos hecho sonar la autoestima con sus pánicos personales durante generaciones y generaciones, siempre encarnadas en comentarios pesimistas y miradas socarronas de los viejos antes de los partidos. Y tenían razón hasta Bielsa, gracias a quien descubrí la razón por la que no le daba bola a mi voz interior en materia futbolera. Entiéndame: son cuatro décadas de decepciones…

Marcelo Bielsa, nuevo San Martín y libertador criollo, ¡Gracias totales!

¡Ah!, casi me olvido. Señores entrenadores nacionales: ¿Para cuándo sería el libertador chileno?

Hasta más vernos.

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