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Por admin in Columnas, Re-flexiones

Columna de Alejandro Emmer

Han querido del hombre mutar su instinto de conservación por el de la compulsión. Millones de estímulos vestidos de tentaciones tecnológicas, espirituales e intelectuales son incorporados a diario a todos los elementos posibles de una cultura a la que algunos pretenden amputarle su espíritu para disponer de ella. Es así como somos testigos

que desde la última versión de la anterior versión de un netbook, a la final edición de una saga literaria, cuya utilidad y calidad, como la del netbook, no justifican su demanda a la naturaleza ni la amputación sistemática de la voluntad de las sociedades.

La idea de sociedad va cada vez más de la mano de la de diluir al hombre en la masa; se lo ha decolorado hasta no ser más que un átomo de otro ente mayor, pero no superior. Y ese ente mayor sólo es una idea básica; apenas un concepto cada vez más esquizoide, que se replica a sí mismo generación tras generación bajo la excusa de una ideología depredadora e injusta, cuya fortaleza radica en que es el mejor espejo del lado oscuro del hombre.

Es simple, estimados: no necesitamos todo lo que nos ofrecen a diario como si se tratara de oxígeno. Los clásicos son los que perduran y apenas alguna modificación a ellos. Pero los clásicos responden siempre a una necesidad que se justifica en el tiempo; que es muestra de la capacidad del hombre; ese hombre pensante, dueño de sus espacios y tiempos y con la profundidad suficiente para discriminar lo útil de lo inútil; lo que lo centra de lo que lo descentra. Lo trascendente de lo intrascendente. Pero tanta oferta de rapidez y abundancia, tanta “última versión”, no son más que distractores, embrutecedores de la esencia del hombre y que no es otra que la búsqueda del sentido. Se nos quiere volver robóticos, irreflexivos, tontos. Estamos cada vez más cerca de convertirnos en vacas de establo, que consumen hasta el hartazgo sólo para terminar viviendo y muriendo para satisfacer las necesidades de otros; esos otros conocidos desconocidos que mueven los hilos entre cuatro paredes y que no tienen más escrúpulos y menos sadismo por sacrificarnos que los que posee un torero cuando asesina a su bestia con la excusa del logro.

Hace algunos milenos los herméticos miraban hacia sí mismos y el cosmos en busca del entendimiento. Era posible que todo fuera mental y que el TODO fuera mental. Hoy los físicos cuánticos no pueden comprobar que esta realidad exista más allá de nuestros ojos abiertos. Quizá aquellos que entre cuatro paredes juegan a ser Dios descubrieron hace tiempo los mismos principios anteriores, como también la posibilidad de cegarnos a otra realidad que no sea la que nos proponen. Hasta el momento lo han logrado. El mundo está por colapsar. Pero no importa. Total, la culpa para ellos se diluye rápido. Basta con cerrar los ojos, que la vida es sueño.

Hasta más vernos

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Un Comentario

  1. excelente este tipo de columnas son las que te hacen refleccionar y detenerse un poco a pensar si lo que hacemos vale de algo… el sistema en que nos encontramos engranados no deja pensar en lo esencial del ser humano la vida… por ahi escuche, alguna vez paren este mundo que quiero bajarme! eso paren un poco por favor … M5.



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