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Por admin in Columnas, Re-flexiones

Columna de Alejandro Emer

“Nada nuevo” es la sentencia que se escucha en la gente cada vez que los políticos entablan lo que hacen llamar “debates de ideas”. Entendemos todos que es imposible que algo novedoso se presente, sea en forma de idea o persona, si la lógica que guía a cada una de las facciones es la misma que la hizo inservible. Un mínimo de sensatez indica que para solucionar un problema, es imprescindible pensar de manera distinta a la que produjo el problema en cuestión. Pero a los políticos no les conviene. Y esa es nuestra desgracia.

Pero sucede que para el resto de nosotros, la importancia de comenzar a pensar distinto es fundamental para existir de manera más satisfactoria. Y para eso, el modificar y concluir los procesos es fundamental. Si no entendemos de una buena vez que si no somos capaces seguir y finalizar nuestros pensamientos y emociones cuando estos se presentan, y, por el contrario, los dejamos a medias, como todo lo que hacemos, esos pensamientos y emociones serán parte de un largo engranaje de anteriores pensamientos y emociones inconclusas que lo único que generan en términos internos no es más que sufrimiento. Se vuelven una especie de cadena tóxica que nos aprieta hasta hacernos sentir a medio vivir. Más claro: estamos tan llenos de experiencias a medio elaborar y finalizar, que es como tener un enorme basurero dentro de nuestra cabeza, que está lleno, llenísimo de residuos tóxicos, y que crece día a día. Entonces, mientras más tiempo pase y más acumulemos, dará lo mismo lo bueno que nos suceda, porque la sensación de alegría que deberíamos sentir por ello se verá, por el contrario, muy disminuida: estará contaminada por esa enorme cantidad de basura interna de la que no hemos sabido librarnos. Y cuando eso pasa, un gran sentimiento de vacío se apodera de nosotros, pues nos damos cuenta que podemos estar frente a la mayor muestra de felicidad, triunfo o lo que sea, pero somos incapaces de disfrutarlo: estamos podridos.

El deshacerse de lo viejo es un acto de higiene mental, tal como lo es para el cuerpo el lavarlo diariamente. Pero no estamos habituados a ver más allá de lo obvio, de lo que nos enseñaron desde chicos. Por eso es necesario abrir los ojos y actuar por el bien propio. Basta con que a diario observemos y sigamos una experiencia hasta el final, con todo lo que ello abarca e implica, para darse cuenta que es una forma de ejercicio de limpieza y liberación. De hecho, las veces en que se practica, la alegría se presenta, pues la creatividad tiene espacio para desarrollarse. Estamos vivos.

Esperar que los políticos nos ofrezcan algo novedoso, distinto, es una quimera, pues su negocio funciona en base a la acumulación y repetición; al restregarnos lo antiguo, lo tóxico; lo que nos anula. Pero para nosotros la vida funciona de otra manera. De hecho, es al revés, que es la única forma en que debe y puede funcionar. Por eso es que el concluir los procesos y no acumular, es cada vez más necesario en un mundo tan lleno de estímulos de todo tipo. Y para eso es imperioso estar despiertos, vivos y atentos a deshacernos de lo antiguo, de lo contaminante, que tanto atenta contra nuestra capacidad de vivir, crear y gozar.

Hasta más vernos

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