Columna de Alejandro Emmer
La ritualística navideña y de fin de año que vivimos por estos días, como sus mitos, nos invitan a abordar su utilidad. Alguien dijo que para maravillarse, las personas y los pueblos deben despertarse, pues la ciencia es una forma de mandarlos a dormir nuevamente. Esto es así porque como todos sabemos, durante el último siglo se ha producido una enorme explosión en el campo científico, misma que tiende a intelectualizar y desinflar los mitos y ritos por verlos como una forma primitiva de la cultura. Es una visión muy típicamente intelectual del “evolucionado” occidental.
En nuestra infancia y en los pueblos considerados menos evolucionados, comprobamos una constante: el maravillarse frente a lo que nos rodea y sucede. Una vez crecidos, dejamos de hacerlo pues tendemos a darle una explicación a todo. Nos hemos dormido.
Actitud ambigua la nuestra, pues a pesar de que no existen razones para la mayoría de los actos rituales que realizamos, sean de la índole o naturaleza que sean, igualmente los hemos formalizado como una forma de darles estructura, seriedad y trascendencia; como una manera de justificarnos a nosotros mismos frente a ellos al tiempo que despreciamos los de otras culturas por considerarlos primitivos, crueles o básicos, a pesar que poseen el mismo sustento emocional y finalidad que los nuestros. De hecho, la navidad y el año nuevo que se nos aproxima son una prueba de ello. Son una manera maqueteada de expresar nuestra religiosidad y visión de la vida, o, nuestras creencias acerca de ellas y su funcionamiento. Lo curioso es que para otras culturas consideradas primitivas, el mismo rito navideño puede resultarles completamente risible, increíble o inútil, pero no pierden su tiempo intelectualizándolo para despreciarlo, pues se conectan con ellos de la misma manera que con los suyos. A diferencia de la conducta habitual del occidental, entienden su significación más profunda.
Una conclusión válida es que el querer explicar los ritos es una pérdida de tiempo, porque en primer lugar no existe una explicación única de ellos y, en segundo lugar, tienen que ver con expresiones más emocionales que puramente intelectuales, pues son mucho más una forma de imponer límites o de otorgar poder, más de expresar creencias que ciencia; quizás una forma de terapia o una manera de transmitir cultura, que una simple mecánica mental y social. En definitiva, son expresiones del ser.
Al final, el rito es un aspecto esencial del ser humano, forma parte de su historia natural y puede ser también la manera en que nos introducimos a nuestros aspectos más inconscientes o primitivos; a los espacios más desconocidos, menos explorados de las sociedades y las personas; esas oscuras profundidades que una vez abordadas, nos revelan su contraparte luminosa, y que no es otra que creatividad, comprensión y trascendencia
Hasta más vernos.












