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Por admin in Columnas, Re-flexiones

Columa de Alejandro Emmer

Cuando leas esto, ya estarás viviendo el primer día del 2010. Habrás revisado o no tu año anterior y habrás analizado o no tu vida en relación a ti y los que te rodean.

A través de los años descubrimos poco a poco que somos algo más que sólo un yo, un mí o un ego que lucha incansablemente por ser diferente y único. Pero lo divertido es que a medida que pasa el tiempo y vamos experimentando más hechos en nuestra existencia, sean propios o ajenos, comenzamos a oler, a percibir, primero sutilmente y luego de manera más clara y rotunda, que no somos distintos del resto. Que un color de piel, una cultura o un país no logran más que una diferencia material, pero no esencial entre uno y el resto de las personas.

En efecto, todos tenemos la misma capacidad para amar y sufrir, para compadecernos, enojarnos, odiar y pensar. Cual más cual menos, es así. A veces es solamente la forma o un motivo el que nos lleva a confundirnos y creer que a quien tenemos lejos en todo aspecto es diferente en esencia a uno. Pero no, no somos distintos. De hecho, tú y yo somos el universo entero. Todos somos el resultado de la cultura, el clima, el ambiente, las condiciones económicas y la historia de nuestros antepasados. Somos el resultado de todo su actuar y pensar.

Por lo tanto, este año que comienzas te invito a enfocarte y a investigarte a ti mismo desde esa óptica hereditaria. A ver y dimensionar el resultado histórico que eres… y -muy importante- la relación que a partir de ella has establecido contigo mismo, las personas y las cosas. Porque eso es lo que somos: una relación múltiple. Por lo que el cómo nos relacionamos con nuestras ideas, anhelos, sensaciones, miedos y deseos no dista de manera significativa del cómo lo hacemos con las personas e ideas que nos rodean. Porque la convivencia que hemos mantenido con esa imagen propia ha sido nuestra salvación y también nuestra condena, pues así como hemos gozado también hemos sufrido y hecho sufrir. Y ese dolor que nos propinamos, y que propinamos, proviene de aferrarse a una forma de existir basada en algo tan superficial como la repetición cíclica de esa imagen, sus contenidos y relaciones.

Entonces, para comenzar un ciclo nuevo, es necesario comprender y transformar lo anterior. Esa es la inteligencia que debemos practicar y esa su libertad. Porque es la única forma de poner fin al miedo y el dolor.

Feliz año

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