Columna de Alejandro Emmer
La última sorpresa agradable en el fútbol no vino del lado de nuestros clubes, sino que vino de parte de la gente, que hastiada de la parcialidad y chauvinismo bananero de la dupla de cable argentina Niembro- Closs, pero especialmente de Niembro, logró mediante reclamos masivos que los sacaran de las transmisiones televisivas en que estuvieran involucrados equipos chilenos. Salud por eso. Yo también estaba chato.
El tal Niembro, que en Fox tienen la caradura de presentarlo como la personalidad “más sabia del fútbol argentino”( imagino que será porque como siempre ocurre, la ignorancia del vulgo futbolero es terreno fértil para el abuso y la comedia), siempre me desagradó mucho. Es un tipo de una precariedad intelectual oceánica, a lo que suma, en efecto, un chauvinismo digno de su iluminada teoría que sostiene que el jueguito ese, es fiel representante de las naciones, y con la que quiere darnos a entender que sus “logros” futboleros son sinónimo de la superioridad argentina. Pero hay un problema con esa teoría, porque si bien es cierto que los argentinos tienen una enorme cantidad de trofeos en fútbol, también lo es que la mayoría de ellos lo han ganado a la mala. Recordemos el bochornoso mundial del 78, cuando el equipazo peruano “sorpresivamente” perdió 0-6 con los argentos, que necesitaban una diferencia de cuatro goles para clasificar a la final, y que luego supieron “agradecer” a los peruanos con plata a sus jugadores y trigo para su pueblo, como afirma en su libro el periodista argentino Ricardo Gotta. O las finales sudamericanas que arreglaron en los sesentas, setenas y ochentas, reconocidas luego por muchos jugadores argentinos, o la “mano de Dios” en el mundial del 86, sin la cual no le ganan a Inglaterra y difícilmente salían campeones luego, etc. Sería interesante saber si los argentinos, tal como Niembro, creen en su teoría y se sienten representados con tanta turbiedad y mala leche.
Entre las particularidades de este tipo, se cuentan su explícita mala barra a Pellegrini y Bielsa. Juan Cristóbal Guarello escribió una columna años atrás sobre el tema. El artículo en cuestión nació de la ira de Guarello frente a la persecución que Niembro se empeñaba en sostener en contra Pellegrini. El origen de la mala barra de Niembro con Pellegrini se debería a que tanto Pellegrini como Bielsa se negaron a formar parte de su manada de corderos. Obvio, pues a Pellegrini y Bielsa se les podrán objetar cosas como entrenadores, pero los dos están a años luz de Niembro en todo sentido, por lo que tienen claro desde pequeños que nunca se debe comulgar con la soldadesca, que tan fielmente representan Niembro y sus secuaces. En el caso puntual de Pellegrini, su odio y persecución se desatan cuando éste, fiel a si mismo, optó libremente por darle una entrevista a un medio de la competencia en los años que fue entrenador y campeón Argentina, lo que desató la furia y persecución de Niembro. ¡Cómo osaba despreciarlo de esa manera a él, un Dios del periodismo argentino! De ahí en más, lo ha perseguido de manera inmisericorde. En su artículo, Guarello aclara esta situación con detalle, amén de ridiculizarlo a nivel profesional por sus comentaros sin sustento alguno.
Como el tema requería investigación, me contacté con un periodista argentino para consultarle sobre el tema, el que confirmó mis sospechas sobre Niembro. Me confirmó que en efecto, el tipo ha llegado donde está como muchos otros caudillos en la historia que, a falta de cerebro, se valen de su digamos “personalidad” en complicidad con los tiempos. De ahí en más, se sostienen con la lógica de las redes, armando cofradías y complicidades, aprovechándose no sólo de su fama y poder mal ganados sino que, además, en que muchos de los comentaristas que debemos soportar a diario en el cable mientras se miran el ombligo y practican con fanatismo religioso el acto de fe que supone ser argentino mediante los “rezos” en los que hablan de ellos y solo ellos el 90% del tiempo que nosotros pagamos por escuchar de otros, provienen de la escuela de periodismo que él tiene en sociedad con Marcelo Araujo, un famoso ex relator al que algunos patéticos relatores cero creatividad criollos trataron de copiar. Entonces, si el fin que persigue un hombre se lo conoce por el afán de su búsqueda y tenor sus actos, los suyos nos confirman el porqué este tipo actúa como actúa y está donde está.
Pero lo bueno del asunto es que ese mismo fin y actuar fue hastiando poco a poco a demasiados televidentes criollos, los que finalmente decidieron revelarse y protestar a la cadena Fox por sus recurrentes comentarios sesgados, bananeros y patrioteros. Y es que uno puede soportar el narcisismo de un grande, pues su misma grandeza lo avala, pero no el de un enano.
Al final, comprobamos que no fue el sentido común ni la inteligencia de quienes dirigen los medios audiovisuales lo que amagó a este tipo, porque de ser así jamás debió siquiera acceder a ellos, sino la importancia económica que impera en el mercado de los que prestan servicios; lo que de pasada nos confirma que si algo tiene de bueno el sistema libremercadista es que a fin de cuentas el poder lo tenemos los consumidores, y no los tipos como Niembro.
Hasta más vernos.












